Artículos filosóficos

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"La lectura hace el hombre completo; la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso" - Francis Bacon-

El budismo egoísta

 

El hombre tiende a ver las cosas en la relación qué estas tienen consigo mismo. Tanto sea por semejanza como por oposición. En ese sentido, la sociedad occidental de nuestra época, materialista, consumista y agnóstica tiene una visión idealizada de las religiones orientales, especialmente del budismo, más por contraposición a ella misma que por la plena comprensión de lo que el budismo representa hoy.

El Hombre siempre es el Hombre, y la imperfección de la naturaleza humana no es muy diferente en las distintas épocas o latitudes del mundo, más allá de cuestiones relativas a la vacua moral pasajera. La lucha entre la naturaleza superior y la inferior es una constante, y se ve reflejado en las teorías de Venus Pandemos contra Venus Urania en el Olimpo Griego, los Pandavas versus los Kurabas en el Mahabharata, o en el Adán y Eva de la Biblia. Y si los más grandes planteos filosóficos han estado presentes en todas las religiones bajo distintos nombres, esto fue precisamente porque el ser humano tiene imperfecciones que necesitan ser redimidas gracias a ellos. Por lo tanto, no hay que confundir al mensaje filosófico de una religión con la religión misma. Dicho de otra forma, no hay que confundir a Budha con el budismo, como tampoco habría que confundir a Jesucristo con el cristianismo. Unos son los mensajes puros de almas especiales y mucho más elevadas de lo que permite abarcar nuestra comprensión, y los otros son cuerpos doctrinarios y religiosos compuestos por hombres imperfectos e intereses egoístas. 

El occidental concibe al budismo actual como una religión (o una filosofía) profundamente espiritual, pacifista, altruista y desinteresada, producto de un marketing especial con el que ésta ingresó a occidente tanto como por la naturaleza materialista del que compra sus postulados. Cabe destacar que el budismo actual tiene muy poco que ver con la doctrina que predicaba Budha, siendo en muchos aspectos no sólo distinto sino hasta opuesto a aquél.

Primero analicemos las razones de por qué se ve al budismo actual como algo tan espiritual.

  • Por curiosidad: Irónicamente el budismo no habla de Dios, no porque sea ateo sino porque lo considera un concepto para el cual el lenguaje no alcanza a explicar ni la mente a comprender. Como tanto en el cristianismo como en el Islam se han cometido y se siguen cometiendo horrorosos crímenes en nombre de Dios, el concepto mismo de la devoción ha sido degradado a una cualidad fundamentalista y obtusa. Al no mencionarse a Dios con un nombre, el occidental percibe que el budismo es algo “diferente” al resto de las religiones, más válido por su contenido hermético digno de desentrañarse.

 

  • Por considerarse pacifista: el budismo de hoy es visto como una “religión víctima”, debido a que su líder religioso el Dalai Lama ha sido obligado a exiliarse del Tíbet por el gobierno comunista y ateo de China hace más de cincuenta años. En realidad, ni el Dalai es el líder espiritual, ni lo es de todo el budismo. Éste es, en realidad y por denominación, el líder político (no espiritual) de una rama del budismo tibetano. Si nos ceñimos a la tradición budista antigua, la encarnación del rayo directo del Maestro Amitabha (regente de la evolución religiosa de la Humanidad) es el Panchen, un lama poco conocido en oriente hoy relegado a un segundo lugar. El Dalai es la encarnación de Avalokiteśvara, el “Señor que mira hacia abajo”, quién conduce a la Humanidad según el infinito plan de Amitabha. Pero el pueblo budista-tibetano no es el único al que le fue arrebatado su tierra (sobran ejemplos: kurdos, mapuches, uigures) y la historia enseña que difícilmente hay víctimas que no hayan sido antes victimarios. El budismo, al igual que el cristianismo o el islam, se expandió a sangre y fuego por Asia por obra y gracia de personajes como Asoka, Anawrahtha y tantos otros conquistadores. En toda la historia de Asia han habido sectas budistas que luchaban encarnizadamente entre sí con el mismo furor que en la Europa de la Reforma.

 

  • Por buscar el desarrollo humano: El budismo alienta la meditación, la búsqueda del centro, el vegetarianismo, el respeto por el medio ambiente, y tantos otros nobles ideales muy bienvenidos en el mundo materialista del occidente de hoy. Pero creer que un ser humano es mejor que otro por comer verduras, justifica que otro pueda sentirse mejor por respetar la dieta kosher. Pregonar que es mejor meditar en un mantra que rezar un padrenuestro, sin comprender el significado del ni uno ni del otro también es totalmente discutible. Y no hay que olvidar que el respeto hacia el medio ambiente comienza por el respeto hacia el ser humano que tenemos al lado, cosa que muchos defensores fanáticos de cualquier religión tienden a hacer.

¿Qué es entonces el budismo?

La raíz de la mala interpretación del budismo actual está en la división en las escuelas Mayhayana y Hinayana. Respectivamente la del Gran Vehículo y Pequeño vehículo. Más allá de las denominaciones actuales, la idiosincrasia budista que tiene mayor impacto hoy en día, especialmente en los círculos occidentales que son atraídos por esta religión, es la Hinayana. La escuela Hinayana reconoce al igual que la Mahayana lo ilusorio del mundo y todas sus imperfecciones como la raíz del dolor, pero busca una salvación individual, a través de la práctica de la meditación y la búsqueda de la sabiduría. Es decir, se preocupa por aprender y por crecer para dejar de sentir dolor, pero no por los demás. 

En una lectura más profunda, los postulados de la Escuela Mahayana recogen con más veracidad los aspectos centrales del mensaje del Budha, ya que su búsqueda originaria de la superación del dolor proviene de observar el dolor en los demás. Cuenta la historia que antes de lograr la iluminación, Sidharta Gautama, príncipe encerrado en un palacio al que no le faltaba ni comodidades ni lujo, inició su camino filosófico al descubrir que las otras personas se enferman, envejecen y mueren en una rueda de dolor aparente de sinsentido. ¿De qué sirve todo el oropel de la realeza si el destino del hombre es la muerte, tanto suya como de los demás? Eso lo mueve a buscar romper las cadenas del dolor para los demás, no sólo para él mismo. Ya iluminado, después de aprender que la verdad no está ni en el exceso ni en el ascetismo, sino en el equilibrio, el Budha reconoce que “no entrará al Nirvana hasta no ver la espalda del último del los hombres pasar delante de él”. Ese es un mensaje que el Budismo Hinayana, que bien podríamos llamar Budismo Egoista, no demuestra terminar de asimilar. A la búsqueda del budismo egoísta, en sus aspectos de conocer para aprender y de crecer para desarrollarse, le falta el aspecto fundamental en la filosofía original de su Maestro, que es el de servir. Servir es ayudar al prójimo, como sirve toda la Naturaleza. Servir implica pensar primero en el otro. Servir es consecuencia de entender una verdadera fraternidad universal, aunque no la podamos distinguir a simple vista, en la que el hombre es también parte del mundo al que se debe respetar, antes que a ninguna otra cosa. Servir es contrario al egoísmo: servir es altruismo. Practicando meditación se puede perfeccionar las cualidades propias, pero difícilmente se permita servir a los demás. Un lama encerrado en un monasterio, por muy espiritual que parezca, no le sirve a la humanidad sino transmite su sabiduría, con la misma generosidad con la que el Budha dedicó su vida a enseñar a los demás.

El Nirvana no sirve de nada si se gana para uno mismo y no para toda la Humanidad.

 

Ezequiel Chomer

Sedes en Argentina

Anuario de Actividades 2017