Artículos filosóficos

 Los artículos publicados son propiedad intelectual de la Organización Internacional Nueva Acrópolis. Los mismos han sido escritos por instructores y miembros de la Organización como resultado de sus trabajos de investigación y de su colaboración activa en la difusión de la Filosofía Comparada de Oriente y Occidente. Los artículos pueden solicitarse vía mail (info@nueva-acropolis.org.ar).

Gracias a todos los que contribuyen con este trabajo!

 

"La lectura hace el hombre completo; la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso" - Francis Bacon-

Cómo el teatro puede transformarnos

 

En su libro "El Teatro Mistérico en Grecia: La Tragedia”, Livraga nos enseña que “el Teatro Mistérico es fundamentalmente pedagógico. A través de él, en cualquiera de sus géneros, se trata de enseñar algo y, especialmente en la tragedia, de sobrecoger, asombrar y captar la atención del espectador de tal manera que deje de serlo, incluyéndose paulatinamente en la obra como si fuese un actor más o, por lo menos, un participante vivamente afectado por los acontecimientos.”

Esto es muy cierto. El verdadero Teatro transforma. Conmueve, demuestra que es posible cambiar, que la esperanza puede renacer. Nos permite reconocer verdades universales y comprender la naturaleza del ser humano.

 

El actor y director teatral Constantin Stanislavsky (1863-1938), escribió que a menos que el teatro pueda ennoblecerte y hacerte una mejor persona, debes huir de él. El público se identifica con los personajes y con la historia porque lo creado contiene en su esencia elementos humanos que lo inspiran. El espectador se identifica porque los conoce y los reconoce.

 

Pero, ¿Qué sucede con el actor? 

Lo mismo. La diferencia radica en el tiempo. Mientras que el espectador despierta su conciencia al presenciar la función, el actor o actriz se transforma a si mismo durante la preparación.

 

Exploraremos un poco más el proceso de creación y algunas de las virtudes que el teatro nos permite desarrollar. Porque que, como escribió Stanislavsky, "No hay Arte sin Virtuosismo"  

 

LA MÁSCARA

Una de las más populares falsas creencias del teatro en la actualidad es que el actor interpreta algo externo a él. Si eso fuera cierto, ¿Cómo podría el público identificarse? El actor no se esconde detrás de una máscara, la lleva como si fuera su propio rostro. Transforma sus movimientos, sentimientos y pensamientos para que se conviertan en el cuerpo del personaje. De la misma forma que el actor le “presta” su mano al personaje para alcanzar un vaso de agua, también le presta primero su deseo para quererlo y su mente para pensar cómo conseguirlo.  Este proceso requiere valentía. Y un poco de dolor, porque en ocasiones el teatro  obliga a enfrentar los propios defectos. Sin embargo, es un buen dolor que despierta la conciencia. Es el costo de aprender. 

Se requiere valor también para superar el miedo escénico que te invade cuando estás en la oscuridad, a punto de salir a escena.  Y se requiere valor para intentarlo nuevamente cuando tal vez, y sucederá, tengas una mala interpretación.

 

PORQUÉ HACERLO

Me he preguntado porque alguien en su sano juicio se expondría a este proceso de “desnudarse” sobre el escenario. La respuesta es, como en todo lo importante, por amor. Porque los actores aman (o deben amar) a la humanidad y quieren lo mejor para ella. Y por amor al sagrado arte que inflama sus corazones. El actor y mimo francés Marcel Marceau dijo alguna vez: “Sin el amor, el ser humano no puede sentir la necesidad de crear. La base de la creación parte del amor, de la necesidad de amar, de compartir, de comunicar, y es por el amor que hemos creado el teatro.”

 

CREAR UNA REALIDAD

Lo primero es dejar de lado los prejuicios. El actor debe desarrollar empatía con su personaje y conectarse, para poder entender los más profundos y ocultos motivos detrás cada una de sus acciones. Una actriz, por ejemplo, debe conocer perfectamente el motivo interno que lleva a Julieta a clavar un puñal en su corazón. Debe sentir al personaje como “alma de su alma”. Ese espíritu que el actor ha creado, contiene una parte de sí mismo. Y debe intentar con todas sus fuerzas, mediante su actuación y sentimientos, que el público comprenda también su naturaleza. Aun cuando se trate del villano, este no lo será para el actor; porque comprenderá las causas que hacen que actúe como lo hace.

 

Es fundamental la imaginación. A veces, el texto o el director, proveerán los elementos para contestar las preguntas que el actor le hace a su personaje: porqué, para qué, cómo. Pero en general, no sucede. Se ha dicho que el inicio de la obra es en realidad la mitad de una historia. Todo lo anterior a la escena y posterior a la escena, es parte del trabajo del actor. Él debe saber desde cuando nació su personaje hasta cuándo y cómo morirá. 

 

La  investigación es otra clave. El actor debe investigar en la naturaleza, en la historia y en sí mismo. Stanislavsky dijo que para el actor “conocer significa sentir”. Saber que se sentiría caminar en los zapatos de otra persona.  

 

EXPRESAR LA REALIDAD CREADA

El actor es un instrumento. Y como tal, debe estar afinado. Debe ser  capaz de decir una y mil veces la misma frase, con el mismo entusiasmo, como si fuera la primera vez, viviéndola cada vez que la pronuncia. Como Delia nos enseña, es la diferencia entre repetir y realizar. Es perseverancia. 

Y esperar pacientemente hasta que encuentre la mejor forma de expresarse, eso es constancia. 

El actor debe estar “presente” en la escena, aunque la haya repetido muchas veces. Esto es conciencia y es la real diferencia entre actuar e imitar. En verdad, la conciencia del actor es lo que permite que la magia del teatro exista. Y por esto, tan grande es la responsabilidad del actor.

 

FRATERNIDAD

Por último, pero no por eso menos importante, creer que una obra depende sólo de los actores es ingenuo. Los actores, el director, el iluminador, el maquillador, incluso el acomodador… todos ellos tienen un objetivo común, el más importante: hacer que la obra (su ley, su ideal) se manifieste de la manera más perfecta posible. Entender esto, es vivir el teatro.

Sólo entonces, el público atravesará unido una experiencia que, tengamos fe en ello, los cambiará para siempre y los transformará en mejores individuos.-

                       

Gimena Furlani

 

 

Bibliografía:

“El Teatro Mistérico en Grecia: La Tragedia” – Jorge Ángel Livraga 

“El Arte y la Belleza” – Miguel Angel Padilla

“Manual del actor: Constantin Stanislavski” – Recopilación de textos por Elizabeth Hapgoog

“Para conocerse mejor” – Delia Steinberg Guzmán

“The Art of Acting” - Stella Adler 

 

Sedes en Argentina

Anuario de Actividades 2017