Artículos filosóficos

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"La lectura hace el hombre completo; la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso" - Francis Bacon-

El mito de Perseo

 

Perseo era hijo de una mujer mortal, Dánae, y del gran dios Zeus, el rey de cielo. El padre de Dánae, el rey Acrisio, había sabido por un oráculo que algún día su nieto lo mataría y, aterrorizado, apresó a su hija y expulsó a todos sus pretendientes. Pero Zeus era un dios y quería a su hija Dánae. Entró en la prisión disfrazado de aguacero de lluvia de oro, y el resultado de su unión fue Perseo. Al descubrir Acrisio que, a pesar de sus precauciones, tenía un nieto, metió a Dánae y a su hijo en un arcón de madera y lo arrojó al mar, esperando que se ahogaran.

El arcón llegó a tierra en una isla donde lo encontró un pescador. El rey que gobernaba en la isla recibió a Dánae y a Perseo y les ofreció refugio. Perseo creció allí fuerte y valiente, y cuando su madre se sintió incómoda por las insinuaciones que no deseaba del rey, el joven aceptó el desafío que lanzó este molesto pretendiente. El desafío consistía en traerle la cabeza de la Medusa Gorgona.

La Medusa Gorgona era tan horrorosa que sólo con mirarle a la cara con¬vertía en piedra al observador. Perseo necesitaba la ayuda de los dioses para ven¬cerla; y Zeus, su padre, se aseguró de que le ofrecieran esa asistencia. Hades, el rey del inframundo, le prestó un casco que hacía invisible al portador; Hermes, el Mensajero divino, lo proveyó de sandalias aladas, y Atenea le dio la espada y un escudo especial pulido con tanto brillo que servía como espejo. Con este escu¬do, Perseo pudo ver el reflejo de Medusa, y de ese modo le cortó la cabeza sin mirar directamente a su horrible rostro.

Con esta cabeza monstruosa, convenientemente oculta en una bolsa, volvió para casa. Durante el viaje vio a una doncella hermosa encadenada a una roca que había en la playa, esperando la muerte a manos de un terrible mons¬truo marino. Supo que se llamaba Andrómeda. Conmovido por su situación y por su hermosura, Perseo se enamoró de ella y la liberó, convirtiendo al monstruo en piedra con la cabeza de la Medusa Gorgona. Después, regresó con Andrómeda para presentársela a su madre que, en su ausencia, se había sentido muy atormentada por las insinuaciones del malvado rey. Una vez más, Perseo sostuvo en el aire la cabeza de la Medusa, convirtiendo en piedras a todos los enemigos de su madre. Después le entregó la cabeza a Atenea, que la montó en su escudo, con lo que en adelante se con¬virtió en su emblema. 

Andrómeda y él vivieron en paz y armonía desde entonces y tuvieron muchos hijos. Su único pesar fue que, cierto día, mientras tomaban parte en unos juegos atléticos, lanzó un disco que llegó demasiado lejos impul¬sado por una ráfaga de viento, y accidentalmente golpeó y mató a un anciano. Este hombre era Acrisio, el abuelo de Perseo. Al final, de esta forma se cumplió el oráculo que el difunto anciano tanto se había esforzado por evitar. 

 

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En la gran mayoría de los mitos que nos han legado encontramos la figura del Héroe, cuya simbología nos representa a aquél Ser que se encuentra transitando el camino hacia la Iniciación.

Perseo es hijo de un Dios (Zeus) y una mujer mortal (Dánae) hija del rey Acrisio. Por ende Perseo es un Héroe.

Perseo decide enfrentar a la Medusa Gorgona, esa cabeza llena de serpientes enmarañadas, a quién, con sólo mirarla, transformaría en piedra.

Perseo decide enfrentar y vencer a esa Medusa/Mente llena de pensamientos enmarañados, pensamientos que se enroscan y confunden entre sí. Esos pensamientos que de no vencerlos, lo dejarían inmóvil, petrificado, y que no le permitirían avanzar en su camino hacia una mayor consciencia. Medusa es la Mente de los pensamientos egoístas, esos que sólo responden a nuestro individualismo, esos pensamientos que no nos permiten trascender aquellas ideas que sólo nos benefician en lo personal. Pensamientos que nos aturden, y que de tan enredados no permiten pasar la luz que podría ordenarlos con mayor claridad.

Para vencer y dominar a  su propia Mente, Perseo ya cuenta con  algunas herramientas.

Y es por eso que irá hacia las profundidades de su mundo interior y a través de su memoria traerá aquellos conocimientos ya aprendidos que le permitirán elevarse con aladas sandalias por encima de sus complejos  pensamientos.

Tiene a La Sabiduría por espada y como escudo para protegerse. Y es en el reflejo de ese brillante escudo, donde Perseo descubre que son sus propios pensamientos los que debe combatir.

Perseo ha salido triunfante de esta batalla, ha trascendido su Mente egoísta y podría continuar su camino, pero sin embargo decide regresar, y en su paso, lejos de la arrogancia que podría suponer su victoria reciente, se conmueve y generosamente rescata a su bella doncella.

Perseo vuelve por Amor, vuelve a la Madre, a su origen, a su esencia, a su verdadero ser, vuelve siendo fiel a sus principios, pero también vuelve al mundo de la materia, aún después de ganar una batalla que lo ha acercado un poco más a los planos espirituales. Vuelve al mundo manifestado que es donde deberá seguir conquistando otras batallas.

Perseo es un Héroe, pero no es un Dios, y es por ello que aún haciendo buen uso de su Libre Albedrío, Perseo, aunque sin intención, igualmente mata  a Acrisio, su abuelo, porque Perseo todavía es un hombre y es por eso que no puede escapar a la implacable rueda del Karma.

 

Marcela Bardanca

Sedes en Argentina

Anuario de Actividades 2017